El Emigrante

Soy Raimond, natural de San Vicente, nacido a finales de la década de los treinta. Ahí me crié como todo chaval de la época. Con pocas holganzas de bienestar, pero como no conocías otra cosa, pensabas que era lo mejor.

Siempre tuve aspiraciones por conocer lo que podía haber fuera del contorno. Subías a la Pena da Roca y echabas la vista al horizonte y no veías más que para el Este los montes de Fiouco, Alto da Corda, etc. Mirabas para el Oeste y todo terminaba con Cavana de Vella, Montes de Tronceda... Mirabas para el Norte y se te presentaba el mar. Y por el Sur veías que la carretera que pasaba por San Vicente se perdía en la Xesta. Éste era el pequeño mundo en que me tocó nacer.

Llegó un día que me decidí, como muchos más de la parroquia, a buscar fuera lo que no me podía dar mi entorno. Me fue bien y ahí tienes a Raimond ya jubilado, pero con añoranza de visitar a San Vicente. Y al fin llegó el día.

Pasado “o Candaedo”, en concreto Miravales, me detuve a observar la vista panorámica y noté enseguida que había muchos más árboles, caminos más amplios, muchas fincas a monte. Me vinieron a la mente muchos recuerdos, sentimientos, un sin fin de cosas que me resultaría imposible redactar.

Barrio do Pedroso – 17/05/03

En los Pilós me tomo la bajada por el camino ampliado que me lleva por cerca “Do Ollo da Fonte”. Me la quedo mirando cómo echa agua por el caño, medio carcomido por los años (Le vendría bien una restauración a esta rústica fuente). Me tomo un trago a gusto. ¡Qué buen agua! No es que lo diga Raimond, es que lo dice todo el mundo. Anda que no pasó gente a coger el agua para sus casas: Los de las Casas d´Arriba, Cibadoiro, Aldea, O Carballo, con aquellas sellas de madera, con tres aros de bronce bien relucientes, y equilibradas en la cabeza. O dos cubos en los extremos de un palo al hombro, con dos hojas de berza en cada uno para no salpicar los talones. Había que ingeniárselas. Pero todo esto se terminó con el agua corriente en las viviendas. Estas sendas que llevaban a la fuente, van cayendo en desuso. Las zarzas se encargan en dificultar el paso y las crecidas, en deteriorar el lecho. Así se van perdiendo estos caminos cargados de historia.

Y así entretenido llego a la pinguela, lavadero de los de la Aldea. No queda más que el sitio. A lo que veo aparecer una vaca y seguido Santi, un poco encorvado por el paso de los años y la dureza de la vida en estos lugares.

Raimond.- “¡Hola Santi!..., ¿qué es de tu vida?”

Santi.- “Si é Raimond... (se dan la mano) ¿Vés logo a dar unha volta?”

Raimond.- “Los que estamos fuera recordamos con “morriña” el lugar, la gente, los mayores que inquietábamos con nuestras travesuras. Todo eso se lleva en el corazón, Bueno, no nos pongamos nostálgicos... Eras un chaval cuando me fui.”

Santi.- “pois xa ves... coma todo o mundo, caseime, tiven fillos. Con traballos fomos sacando á familia pra diante. E ó final quedamos outra vez os dous solos... Aquí non quedamos máis que os vellos. E mira que temos comodidades: lavadora, auga fría e quente, cuarto de baño, luz, televisión..., pero nin por eso... Cobramo-los dous e mentras nos vamos valendo, non temos duda, pro cando non poidamos, non sei que vai ser de nós.”

(Se le metía una vaca en un huerto y tuvo que ir a “tornala” a toda prisa y con la misma nos despedimos)

Raimond.- “Ya hablaremos en otro momento”.

Santi.- “Veña logo. E alégrome...”

A todo esto me presento encima del camino da Biela. Sorprendido al verlo totalmente cerrado por las zarzas. ¿Qué mal habrá hecho para ensañarse de esa manera la vegetación? Siempre fue uno de los atajos más utilizados por todos los vecinos, a pesar de su pendiente. Y por donde me veo a la señora Ramona con un fajo de berzas, camino adelante, ayudada de un palo...

Raimond.- “Señora Ramona. No pasan los años para usted...”

Ramona.- (Se me queda mirando fijamente, haciendo de visera con la mano) “Levo-demo si non sei quen es”.

Raimond.- ¿No recuerda al que le rompía los pucheros de barro colocados en el palo del palleiro?”

Ramona.- “Ay camalleirán. Dios mo perdone...Así Dios me salve, non te conocía...”

Raimond.- ¿Qué tal está el señor Farruco?”

Ramona.- “Ay, Dios pregunte por ti...Xa fai catr´anos que morreo. Os demais xa ves, cada vez a menos”.

Raimond.- “Pero si está hecha un roble...”

Ramona.- “Ay xahora, si non fora o mal que vai por drento. Non ves, meu filliño, que xa non poido doblar os dedos da man... Xa non valemos pra nada... Para que che vou contar. Todo se xunta pra vellez... E tú ¿que tal?”

Raimond.- “Estoy jubilado y ahora a vivir mientras la salud nos lo permita. Y luego Dios dirá”.

Ramona.- “Se non é moita a pregunta ¿vas estar moitos días?

Raimond.- Depende...Quería vender unos árboles y unas fincas si hay quien compre”.

Ramona.- “Está todo muy parado. A ver si tes suerte”.

Raimond.-“A cuidarse, señora Ramona, que quedamos poucos”.

Ramona.- “E tú que o digas... Adiós meu santiño”.

O Combarro– 21/01/04

Estoy en la parte más alta de las Cuvelas. Se trata de un camino que en algunas épocas del año era lo suficientemente ancho como para circular vehículos de tracción animal, para luego quedar sólo peatonal (carreiro) durante el resto del año.

Da cantidad de servicios a distintos puntos: Campón, Os Muiños Vellos, Subchao da Bouza, as Aceas...

As Aceas fueron una agrupación de industrias hidráulicas donde estaban instalados los molinos, herrería y una central eléctrica. Partían cantidad de caminos que unían con un sin número de pueblos de toda la redonda. Hasta venían de las Invernegas y Cadavedo, para hacer uso de los servicios de estas instalaciones.

El molinero era un verdadero artesano de la época que atendía todo el complejo. Lo mismo te hacía la molienda de trigo, maíz, centeno, mestura; que te arreglaba la varilla rota o la cadena de un paraguas, te reparaba el agujero de un puchero, etc, etc. En la herrería te afilaba tanto un cuchillo, como las hoces para la época de la siega.

Y no digamos los trabajos de la forja. ¿Cuántas anxadas pasarían por sus manos para añadirles más acero en su emboque? (herramientas destinadas para roturar monte a mano).

Y no hablemos del tema eléctrico. Tenías cualquier avería, él era la solución.

De la Central partía la corriente para el alumbrado de todo San Vicente durante medio siglo. A partir de entonces las exigencias se fueron incrementando con la llegada de los electrodomésticos y otras necesidades, para las que este tipo de energía no era adecuada.

Los tiempos cambian y la naturaleza sigue su curso como queriendo recuperar todo el terreno que le quitaron cuando se realizó toda la obra. Es lenta, pero no se detiene en su persistencia.

Quiero acercarme a la antigua iglesia por la senda de siempre, pero como dice el poeta: “Los Caminos se hacen al andar”..., y desaparecen cuando no se usan. Eso le pasó al “carreiro” que unía el molino con la iglesia. Al abrir la nueva carretera, ya no tiene sentido tal camino.

Me gusta como quedó la restauración de la capilla. Se trata de un edificio cargado de historia. Tengo muy buenos recuerdos.

Me asomo a la pared del cementerio y, hay que ver como destacan las hortensias con sus flores, unas azules y otras moradas. Está la hierba bastante alta, pero aún se pueden ver las lápidas de nuestros seres queridos, antiguos vecinos... Intento leer alguna que está más cercana – Remedios, Atilano, Santiago, Antón, Rosa, Änxela, José, Estrella, Basilisa, José Manuel, Rosendo, Gregorio... Hay muchas más, pero al estar tan crecida la hierba, están como tapadas y dificultan la lectura. A todos éstos y muchos más con los que me tocó convivir, quiero tener un recuerdo y elevar una oración por su alma. Es lo mejor que se puede hacer. Descansen en paz.

Se me hace tarde. Me voy para Mondoñedo a ver si encuentro donde dormir que mañana será otro día. Un saludo.

Ángel Chao Falcón

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